Hasta hace 5 años, la política en México se entendía a través de la figura presidencial. Para todos en un hecho vastamente conocido el que el presidente de México era visto como una especie de Rey plenipotenciario. Parte de los ritos establecidos para rendir culto a dicha figura era el llamdo Informe presidencial cuya fecha indefectible se marca cada primero de septiembre. Incluso algunos analistas como Enrique Krauze llegaron a calificar esta efeméride como "el día del presidente".
Lejos estamos del esquema trazado por Daniel Cosío para entender el actual sistema político mexicano. En primer lugar el presidencialismo que había caracterizado a la reciente historia política de nuestro país está cayendo lentamente en desuso.
Aquí algunas razones:
El presidencialismo suponía la figura de un poder ejecutivo que se servía del apoyo de la mayoría en el Congreso, que prácticamente era ocupado por sus correligionarios. En la actualidad ambas cámaras presentan un marco que si no puede calificarse de plural, al menos es policromático.
En segundo lugar, el presidente controlaba al partido que le había llevado a la silla del ejecutivo. Ahora, el presidente ha trazado una línea clara entre la agenda nacional y su partido. Algunos panistas han criticado que dicha línea es cada vez más difusa.
En tercer lugar, el presidente controlaba al Estado a partir de un corporativismo sólido que se ejercía a través de los sindicatos afiliados a centrales de trabajadores que eran aglutinados en el partido oficial. El México de hoy, presesnta una imegen en la cual el presidente está muy apartado de mantener cualquier tipo de control sobre estas fuerzas y su margen de maniobra en estos casos se ha reducido casi al mínimo.
Por lo tanto, en opinión de muchos analistas, la clave de la situación política del futuro está en el trabajo parlamentario, dado que el modelo presidencialista se ha agotado y ha probado su ineficacia.
Si esto es así y los partidos políticos, así como los candidatos pueden hacer la misma interpretación, uno no puede más que preguntarse ¿por qué razón se han empeñado tanto, con tanta anticipación, esfuerzo y recursos en tratar de anticipar su carrera presidencial?
Si como se puede sospechar no se trata de detentar el poder para propiciar una mejora en las condiciones de vida, sino ocupar el poder para defender los intereses del grupo o partido que los postula, ¿cómo puede entenderse a las respectivas plataformas de cada candidato?
En el mejor de los casos, pensemos que dicha estrategia será acompañada de un intenso trabajo de cabildeo para allanar los obstáculos a quien ocupe la silla y sacar de la inmovilidad al trabajo legislativo. Sin embargo, la pobreza de los recursos que presentan los candidatos se refleja deplorablemente en sus constantes descailificaciones y vituperios, así como en la carencia de propuestas y programas consistentes de cara a la ciudadanía.
